Control arqueológico de movimiento de Tierras en Torre Cardela

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Estas semanas hemos estado realizando un seguimiento arqueológico en el municipio de Torre Cardela (Granada). Básicamente podríamos decir que un control arqueológico consiste en la supervisión de una obra civil con el fin de salvaguardar bienes histórico-arqueológicos, sean estos ya conocidos con anterioridad, o bien detectados de manera fortuita durante la ejecución de la obra.

En este caso el ayuntamiento de la localidad ha realizado un pozo subterráneo para la extracción de agua freática con el fin de garantizar el abastecimiento del municipio. El «problema»: que justo en el cerro donde realizaron el sondeo existen dos elementos patrimoniales catalogados con anterioridad.

El primero de ellos es una atalaya de origen andalusí, cuya funcionalidad fue tanto la de controlar visualmente el territorio fronterizo del reino de Granada, como la de pertenecer a una red de comunicación junto a otras torres o castillos regionales, conectadas entre sí por medio de humaredas y señales lumínicas . De esta manera se podían dar avisos de diferente carácter rápidamente por todo el antiguo territorio nazarita. Además, y no menos importante, es el elemento histórico que da nombre al pueblo, por lo que el interés en su preservación es máximo.

Por otro lado, en este espacio (Cerro del Molino) existe un poblado de la Edad del Cobre con rasgos campaniformes que se estableció en lo alto de esta colina hace unos cuatro mil años. Lo sabemos porque este yacimiento es conocido desde los años sesenta del siglo pasado, y porque sus evidencias son visibles a día de hoy en superficie, las cuales fueron detectadas y ubicadas por nosotros mismos en una prospección previa que realizamos en la primavera pasada.

Imagen de la primera investigación arqueológica relativa a este yacimiento calcolítico.

Por lo tanto, nuestra tarea fue la de garantizar que la ejecución de la obra fuese un éxito sin dañar los elementos del patrimonio cultural existentes. Para ello, lo primero que hicimos fue trabajar con el personal técnico del municipio con el fin de elaborar el plan de trabajo e incluso el trazado del viaducto subterráneo, de tal manera que el diseño y ejecución del mismo fueran viables y no invasivos con respecto al patrimonio arqueológico.

El resultado final ha sido positivo para todos los actores implicados, puesto que se ha conseguido acometer la obra de manera funcional sin dañar el patrimonio histórico. Además, durante la supervisión de la misma se descartaron hallazgos fortuitos, aunque sí se documentaron algunos restos materiales prehistóricos en la superficie, como estas piedras que posiblemente pertenecen a un conjunto lítico de una piedra de molino y su muela.

El conjunto anterior es similar, por ejemplo, a estas piezas que encontramos dentro de un museo de Arabia Saudí visitado durante nuestros trabajos en aquel país.